Es el momento de una confesión… ¿Qué una? Muchas, más de las
que quisiera.
Primera, SENSIBLE.
Estoy en esos –no tan- lindos días de mujer, en donde sabemos que no hemos traído
ninguna vida al mundo, y por tanto tenemos que sufrir ya que no servimos al
servicio de la reproducción. Yo al menos sufro mucho. Guata, mal humor, llorar,
reír en exceso, nauseas. No, mal. Claro que no siempre es así, todo depende de
cómo comience el día, y a decir verdad hoy… no fue el mejor comienzo.
Segunda, FRANCISCO.
Aquí va a quedar la embarrada, con crema y barro. Francisco, me gustaste, y creo
que me había enamorado… pero todo había ocurrido demasiado tarde, al menos en
mí. Quería, de verdad que quería, pero
soy cien ceros a la izquierda en asuntos de hombres. No sé cómo decirles lo que
siento sin ponerme a llorar, ya que no sé cómo reaccionarán a pesar de saber lo
que ustedes ya sienten. Me acuerdo de esa conversación a inicios de Enero de
este año por chat, en donde te tuve que decir que no estaba segura. Estaba
triste, terriblemente triste. Pero aun así lo hice porque no quería que
sufrieras en un futuro próximo por mi culpa. Te quería. ¡Mierda, que te quería!
Me acuerdo que cuando te dije eso, días después le dije a mi hermano, “Quiero
verlo, Felipe, quiero verlo. Quiero ir a su casa y abrazarlo, lo quiero junto a
mí”. Mi lindo hermano me dijo, “Anda y sigue,
a tu corazón, tu instinto. Busca como sea la dirección y anda”. Tú estarías es
la casa de tu tío y traté de sacarte la dirección como fuese, a través de la
Vale, mi curiosidad, Facebook, todo. Al final no lo logré, y después nos
distanciamos un poco. Me fui a Bariloche e intenté “explotar” un poco mi femineidad.
Coqueteaba, miraba y todo. Pero nunca pasó nada. Creo que aún te quería pero
simplemente no lo quería reconocer ante mí.
Después cuando te pedí que fueras conmigo a mi graduación,
pensaba “Que diga que sí. Que venga conmigo. Sería lo máximo”. Y ahí vino tu
negativa. Me quedó claro, ya no te
pasaba nada conmigo. Yo como buena persona para pensar y racionalizar todo el
día, pensaba, “Está bien, es totalmente normal. Tiene que seguir y yo también”.
Pero ese yo impulsivo, estaba enojado.
Dejamos de hablar un tiempo por eso… y creo que nunca volvió
nada a ser igual. No hablábamos, la conversación ya no era fluida como hace un
año. Todo había cambiado.
Ahora estoy feliz y enojada. Porque me gusta verte feliz, me
gusta verte querido y chistoso. Me gusta eso. Pero me enoja el hecho de saber
de que nunca fui lo suficientemente valiente como para decirte todas las cosas
bonitas y cursis que se me venían a la cabeza, porqué siempre apelé a que no
quería ser como las típicas mujeres mamonas, que no pueden vivir sin un hombre
que las cobije y que están llorando y llorando por el tipo que las pateó. No
quería ser así. Pero ahora –bastante tarde, pero supongo que es mejor que
nunca- me he dado cuenta de que soy de esas. Me gusta acurrucarme, me gusta
abrazar, me gusta mirar largo aunque no pueda sostener la mirada mucho rato
porque me pongo muy nerviosa, me gusta ser pequeña con él, me gusta hacer
estupideces, me gusta decir cosas mamonas, aunque me den una vergüenza terrible
porque siempre me he hecho la ruda, la fuerte, me gusta ser la que envía
mensajes de la nada aunque esté todo el rato al lado del teléfono para saber qué
respuesta obtendré. Sí, soy de las que se queda hasta tarde esperando una
llamada, de las que espera bailar un lento con esa persona, de las que espera
estar acostada junto a esa linda persona en el pasto y mirarla mucho rato sin
decir nada, aunque me cueste más que decir un te amo.
Soy una mamona, una romántica, una mujer clásica, que le
gusta mostrarse como la mujer moderna a la cual todo le pasa y cambia de amor
como quién cambia de polera. Pero no soy así, soy mamona, me gustaría pasar
todo el día con esa persona abrazados en la cama, ver tele juntos, ver una
película a la cual no siempre le tomaremos atención. Sí, basta de máscaras.
Soy una romanticona que no sabe decir las cosas.
Pero soy una romanticona.
Para terminar con esta confesión debo decir que Pancho,
estoy muy contenta por ti, de verdad que lo estoy. Estoy celosa también, no lo
niego. Pero es más por el hecho de tener celos de ella, porque es capaz de
decirte cosas lindas como siempre quise hacerlo, pero las cuales nunca me atreví
a decir. Es por eso. Yo te quise, te quiero y creo que siempre te querré. Será
inevitable. Ya que podría decir que eres la primera persona a la cual besé porque
sentía algo real por ella.
Te quiero, Panchito. Siempre lo haré <3
PD: Siempre me acordaba de ti, en todo lugar casi…
Tercera, NECESIDAD.
Creo… realmente creo que necesito unos brazos fuertes que me
sostengan. Es una metáfora, y quizás está muy influida por la Primera
Confesión.
Cuarta, LOCURA.
Hice una locura, la cual ahora me va a traer consecuencias. Y
lo peor… es que no sé qué hacer. Necesito de un amigo.
Quinta, RODRIGO.
Persona nueva con la cual no tengo idea que hacer.
Sexta, LUJURIA.
Creo que todos los rumores sobre mí, vale, son ciertos. Y la
frase que me posteaste una vez en el muro, también.