martes, 19 de octubre de 2010

"My name is Love" de Rob Dickinson


Wanderer/Ian, Capítulo 56: “Unión”, página 710 - 711

          “Con Ian era diferente, mucho, porque Melanie no le amaba como yo. Cuando me tocó, fue más profundo y sosegado que el fuego abrasador, como la roca derretida deslizándose bajo la tierra. Demasiado profundo como para sentir calor, pero moviéndose inexorablemente, cambiando hasta los mismo cimientos del mundo a su paso. 
          Mi poco dispuesto cuerpo no era más que niebla entre nosotros. Una gruesa cortina, pero lo suficientemente traslucida como para poder ver a través de ella. Podía ver que estaba pasando. 
          Había cambiado yo, no ella. Era casi un proceso metalúrgico en el corazón de lo que yo era, algo que ya había empezado, que casi estaba forjado, algo que ese largo beso inacabado finalizo, afinándolo y cauterizándolo. Y luego empujó su creación, siseando, al agua fría que lo endureció. Irrompible. 

          Empecé a llorar otra vez, dándome cuenta de que esto también le cambiaría a él, a ese hombre lo suficientemente amable como para ser un alma, pero tan fuerte como sólo podría serlo un humano. 
          Movió los labios hacia mis ojos, pero era demasiado tarde. Ya estaba hecho.
          -No llores, Wanda, no llores. Te quedas conmigo.
          -Ocho vidas completas -susurré contra su mandíbula con la voz ronca-. Ocho vidas y nunca encontré a nadie por quien quedarme en un planeta, nadie a quien seguir cuando ellos se hubiese ido. Nunca encontré un compañero. ¿Por qué ahora? ¿Por qué tú? Tú no eres de mi especie, ¿cómo vas a ser mi compañero?
          -El universo es extraño -murmuró.
          -No es justo -me quejé, repitiendo las palabras de Sol.
          No, no lo era. ¿Cómo podía encontrar el amor precisamente ahora, en el último momento, para luego tener que abandonarlo? ¿era justo que no pudiese conciliar mi cuerpo y mi alma? ¿Era justo que también amara a Melanie?
          ¿Era justo que Ian sufriera? Si había alguien que merecía la felicidad, ése era él. No era justo ni correcto, ni siquiera... sensato. ¿Cómo podía hacerle esto?
          -Te quiero -susurré.
          -No lo digas como si te estuvieras despidiendo.
          Pero debía hacerlo.
          -Yo, el alma llamada Wanderer, te quiero, humano Ian. Y eso no cambiará nunca, no importa en qué me convierta. -Busqué cuidadosamente las palabras para evitar que mi voz dijera ninguna mentira-: No importa que sea un delfín o un oso o una flor: siempre te amaré, siempre te recordaré. Serás mi único compañero.”


*


Hermoso extracto de una hermosa historia de amor, que debo admitir me impresionó. Reí, lloré e incluso me sonrojé con esta historia. Realmente hermosa.


Todos los derechos reservados para Stephenie Meyer, real autor de la obra literaria The Host, en su versión en español, La Huésped.